Cinestrellada: Resaltando un año maravilloso para el cine de Puerto Rico

Luego de tanto años, creo que es conocimiento público que siempre ha sido cuesta arriba producir cine en Puerto Rico. Pues, además del estado económico actual de la isla, la falta de una distribución concreta y la escasez de recursos disponibles para les cineastas locales, nunca ha ayudado que muches puertorriqueñes no encuentran razón alguna para apoyar las películas producidas aquí; y encima de miles de cosas más está el aparente favoritismo y otras discrepancias que abarcan el día a día entre muchas de las estructuras gubernamentales. Deben haber al menos cientos de artículos en el Internet donde se toque ese tema, y en cada uno de ellos siempre llego a la misma conclusión: ¡Qué fucking lástima!

Por que sí, es una verdadera lástima que más cineastas puertorriqueñes no tengan acceso a los recursos necesarios para producir películas, porque esta pequeña y maltratada isla del encanto tiene talento que ni botándolo se acaba. Como evidencia les presento las películas locales que disfruté durante el 2021, un año que, a pesar de todo lo y no mencionado anteriormente, incluyendo una pandemia que continúa arrasando con el mundo, marcó récords y fue recipiente de varias producciones dignas de experimentar. Incluso, entiendo que fue uno de los años con más estrenos boricuas, y sobre muchas cosas, de buena calidad.


La primera película que vi, o vimos, ya que todas las vi junto a Yasmar Elí, fue El cuartito, dirigida por el argentino Marcos Carnevale. La misma es un dramedy sobre cinco extraños cuyos sueños quedan en suspenso cuando son detenidos por las autoridades de inmigración en el Aeropuerto Internacional de Puerto Rico. Si a caso los puntos más interesantes de El cuartito son la marcada diversidad en todo el talento, pues la misma es protagonizada por el madrileño Mario de la Rosa, el mexicano Ianis Guerrero, el dominicano Fausto Mata y las puertorriqueñas Claribel Medina e Isel Rodríguez; y el mensaje justo y necesario sobre la inmigración.

Aprovecho para resaltar que Isel Rodríguez protagonizó dos de las producciones puertorriqueñas que estrenaron el año pasado. Tres si contamos el re-estreno de Yerba Buena – atropellada por estrenar muy cerca de la llegada abarcadora del coronavirus a Puerto Rico. La otra película en la que participó fue La última gira – una magnífica producción musical dirigida por Douglas Pedro Sánchez que narra la historia de los últimos conciertos del cantante Daniel Santos. Entre todas, considero que fue la mejor. La misma cuenta con una cinematografía y una edición impecable, y ni hablar de las actuaciones de Isel y Ektor Rivera, quien interpreta al reconocido cantante con una energía increíble. Me gustó tanto, y está tan bien hecha, que de tener tal potestad, la nominaría en alguna categoría de los premios Oscars.

En el mes de octubre fuimos y apoyamos la película Simone, dirigida por Betty Kaplan, protagonizada por Esaí Morales, y basada en la novela del mismo nombre de Eduardo Lalo. La película cuenta la intriga que vive un profesor universitario al recibir unas cartas misteriosas de una admiradora sin identidad, y pues, además de tropezar con unas secuencias animadas extrañas, unas secuencias “eróticas” muy largas, y por alguna razón ser completamente en inglés, la historia es llevadera. La intriga inicial de saber quién está enviando las cartas funciona, y la actriz Kunjue Li hace tremendo trabajo con su papel como inmigrante y artista china. Incluso, las mejores partes de la película involucran a ella y otros elementos de su comunidad.

Y luego vino el mes de noviembre con toda intención de empujar el cine local con tres producciones adicionales, entre ellas el estreno de Perfume de gardenias, un drama entintado con comedia oscura dirigida por Macha Colón, quien muy bien dio vida a una película como nunca antes vista en nuestra isla. La película presenta una secuencia de distintos funerales que está chulísima, y luego de escuchar la entrevista de la directora en Desmenuzando, está mucho mejor, pues que manera peculiar de tocar el tema de la muerte y enseñar las profesiones que están decayendo en nuestro país. Además que gracias a la película aprendí sobre la habilidad de hacer música con un serrucho. ¡Qué cosa más cabrona!

Continuamos con el segundo largometraje de Ariel Annexy, titulado Perfecto anfitrión. El proyecto es un thriller sobre tres amigas en una casa de alquiler vacacional, y aunque resbala un poco de camino al desenlace, cuenta con una dirección increíble y unas actuaciones impresionantes por parte de Laura Alemán, Pedro Capó y Modesto Lacen. Luego de tal trabajo y de su primera e increíble película Prótesis, espero que le sigan lloviendo las oportunidades a este joven cineasta. De hecho, si les intriga lo suficiente como para verla, pueden hacerlo a través de la plataforma Pantaya.

Noviembre cerró sus estrenos locales con Simulacros de liberación, un documental épico dirigido por Juan C. Dávila. Como bien compartí en mi perfil de Twitter, más allá de ser justo y necesario, todo el contenido del documental es esperanzador y devastador. O sea, boté lágrimas de orgullo, tristeza, pero sobre todo, de encabronamiento, pues el peo que sufre nuestra isla sigue y sigue y al parecer no piensa parar… ¡Véanlo tan pronto les sea posible!

Ahora bien, uno de los últimos estrenos boricuas que pudimos deleitar, en todo el sentido figurado de la palabra, fue la más reciente entrega de Joseph Lando, titulada Zack: Enfrentamiento Mortal. Lando, también creador del mítico filme El Poder del Shakti, provee una nueva experiencia astral que con personajes débiles, diálogos genéricos y una discordancia abrupta en el género, trasciende lo convencional en el cine puertorriqueño para darle vida al menos a tres películas paralelas. Un logro que, en cierto modo, le aplaudo hasta más no poder. Ojalá haya recaudado lo suficiente como para que Joseph Lando y compañía puedan seguir estrenando producción tras producción. Si desean leer aún más sobre la película, les recomiendo una y mil veces la reseña de Mario Alegre Femenías – es un viaje épico y entretenido de por sí.


Bueno, pues, tal y como pudieron leer, el 2021 tuvo una cantidad variada de películas puertorriqueñas. Recalco que hubo producciones que, aunque no se presentaron en cartelera, sí se pudieron ver en distintos festivales de cine. Películas que serán evaluadas una vez tengan su estreno oficial. Entre esas, y otras en salas, pudimos ver The Biggest Dream de Andrew Hernández, El karaoke de Transfor Ortíz, Barrote Films de Julio Román, y Calle de la resistencia de Denise Blasor – un musical con elementos de cine y teatro que de seguro dará de que hablar.

Pero entre las que no tuvimos la oportunidad de ver, ni en cartelera ni en festivales, están: Creeré de Julio Román, Spin de Óscar Sánchez, Rémora de Skip Font, Receta no incluida de Juliana Maité Irizarry, y el re-estreno de El accidente feliz de Paloma Suau – un documental sobre la vida y obra del maestro Antonio Martorell.

En fin, gran parte lo que quiero lograr con tal escrito es motivarles y apurarles a que, en la medida que puedan, empapen sus ojos con todo el talento cinematográfico que nuestra isla tiene para mostrar. No solo por el hecho de apoyarles, sino porque muchas de ellas simplemente merecen ser vistas.

¡Qué vengan las próximas!

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